
Del libro: “El club de los optimistas incorregibles”
Jean Michel Guenassia
“Disfruto cada día como si fuera un regalo. Durante años trabajé como un loco sin escatimar el tiempo, sin descansar. Para nada. Me habían concedido ese tiempo y lo perdí. Ahora leo, duermo, oigo conciertos en la radio, paseo por Paris, charlo con la gente, voy al cine, duermo la siesta, doy de comer a los gatos del barrio y, cuando no me queda un céntimo, me escurro por entre los agujeros de la red o voy a trabajar. El mínimo vital. Nunca había sido tan feliz en la vida. Lo escandaloso no es la explotación, sino lo gilipollas que somos. Esas obligaciones que nos imponemos para tener lo superfluo y lo inútil. Lo peor son los tios que trabajan para nada. El problema no son los patrones, es la pasta que nos esclaviza. El día de la gran bifurcación, el que acertó no fue el capullo que bajó del árbol para convertirse en sapiens, sino el mono que siguió cogiendo fruta y rascándose la tripa. Los hombres no han entendido nada en esto de la evolución. El rey de los gilipollas es el que trabaja”